El pañuelo rojo que me cubrió los ojos hasta la puerta del Auditori de Barcelona se pasó todo el concierto atado en tu cuello. Auditori i Ismael Serrano, qué buena combinación y cuántos, cuántos recuerdos.
Un bloque, un piso, un salón. Un reloj marca el paso del tiempo sin que nadie -excepto los espectadores- lo pueda presenciar. Ruido de llaves, se abre la puerta, y empieza todo.
“Bienvenidos, espero que se sientan como en casa. Al fondo a la izquierda está el lavabo, detrás de la barra podran encontrar una botella con un estraño licor verde que traje de Peumayén, y en la nevera aún queda un tupper con el cocido madrileño que hizo mi madre la semana pasada.
¿Y qué tal los vecinos del bloque? Pues nada, cada uno con sus manías, con su vida, con su música... Una que escucha tangos, el pesado del bolero a las 7 de la mañana, y sobretodo el cantautor.”
Las canciones -las nuevas y las que no lo son tanto- se fueron mezclano con las historias de los vecinos del bloque, para al fin descubrir que nada pasa porque si, que cada pequeño gesto puede afectar en gran manera la vida de los demás. A uno le picó el virus del miedo, otra recuerda ya sin tristeza una huída al sur, y todo esto favorece a esa estraña pareja. Cada cuál con su vida, y con su historia, sí, pero todos buscan respuesta a una misma pregunta: ¿qué debiera ser vivir?
Y la única lucha que se pierde es la que se abandona, así que no abandonen, que la excusa más cobarde es culpar al destino. Y una lección aprendida, no ir nunca a oír a Serrano sin un paquete de pañuelos, porque tocará Recuerdo, y otras, y vas a llorar.
Después de tres horas largas de música, aún quedó tiempo para los bises, con “siestas de verano y verbena en la aldea”, “días de vino y rosas”, y una Caperucita que te erizó la piel.
Y al final de todo, con las emociones revueltas y los recuerdos mezclándose con los nuevos sueños y ilusiones, descubres que ahora... que ahora ya te acuerdas, que ya sabes qué debiera ser vivir.
Acuérdate de vivir.